Saber si una inversión es buena o mala requiere mirar más allá del beneficio absoluto. La rentabilidad es la métrica que nos permite comparar diferentes activos de forma objetiva.
El **rendimiento simple** es el beneficio bruto respecto al capital inicial. Sin embargo, para comparar inversiones con distintos plazos, necesitamos la **TAE (Tasa Anual Equivalente)**, que anualiza el rendimiento permitiendo comparar, por ejemplo, un depósito a 6 meses con un fondo de inversión a 3 años.
La rentabilidad simple se calcula restando el valor inicial al valor final, y dividiendo el resultado entre el valor inicial. Para obtener el porcentaje, multiplicamos por 100. En finanzas más complejas, usamos logaritmos para medir la rentabilidad geométrica, pero para el ahorro doméstico, la fórmula lineal es suficiente.
Si inviertes 1.000€ en una acción y la vendes por 1.200€ un año después, tu rentabilidad es del 20%. Pero si tardas 4 años en llegar a esos 1.200€, tu rentabilidad anual (anualizada) baja considerablemente. Por eso el tiempo es el factor determinante en el cálculo.
Nuestra calculadora de inversión automatiza estos cálculos. Solo introduce el capital inicial, el capital final y el tiempo transcurrido. La herramienta te devolverá la rentabilidad total y la rentabilidad anualizada para que sepas exactamente cuánto ha rendido tu dinero.